viernes, 16 de enero de 2009

Narciso y goldmundo.

fragmento :

Y ante él se extendían campos y praderas, y secos barbechos y el bosque oscuro, y más allá tal vez alquerías y molinos, un pueblo, una ciudad. Por vez primera, el mundo se abría a sus ojos, esperándole, pronto a acogerlo, a depararle alegrías y tristezas. No era ya un escolar que viera el mundo desde una ventana; su caminar no era ya un paseo cuyo ineludible término fuese el regreso. Ese inmenso mundo se había tornado ahora real, de él formaba parte, en él descansaba su destino, su cielo y su atmósfera eran los propios. Era un pequeño ser en medio de ese inmenso mundo, pequeño como una liebre, como un escarabajo, corría por su infinitud azul y verde. En él no sonaba campana alguna llamando a levantarse del lecho, al oficio en la iglesia, a clase al almuerzo.