Niétochka Nezvánova”.
Les dejo un fragmento de este relato publicado en 1849 por el gran escritor ruso. En este extracto, la protagonista describe en primera persona lo que significó para ella descubrir la literatura:
“¿Y cómo podía no sentirme enajenada hasta el olvido del presente, hasta el olvido de la realidad, cuando ante mí, en cada libro que leía, se concretaban las leyes de un mismo destino, el mismo espíritu de aventura que reina en la vida humana y constituye la condición de su salvación y felicidad.
Esta ley era la que yo presentía, la que procuraba adivinar con todas mis energías, con todos mis instintos y casi por un sentimiento de salvaguardia.
Parecía prevenirme, como si existiera en mi alma algo profético, y cada día la esperanza crecía más, mientras al mismo tiempo aumentaba cada vez mi deseo de entrar en aquel porvenir, en aquella vida.
Sin embargo, como he dicho, mi fantasma aventajaba a mi impaciencia y, a decir verdad, sólo era muy audaz en mis sueños; ante la realidad, permanecía instintivamente tímida con respecto al porvenir”.
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