En todo el mundo son innumerables los discípulos de Nietzsche, habiendo algunos entre ellos que han leído al maestro.
La mayoría tan sólo acepta de Nietzsche lo que se encuentra en ellos, cosa que, en últimas, acontece con todos los filósofos de todos los filósofos. La minoría no comprendió a Nietzsche, y son esos pocos quienes siguen fielmente su doctrina.
La única gran afirmación de Nietzsche es que la alegría es más profunda que el dolor, que la alegría quiere profunda, profunda eternidad. Como todos los pensamientos culminantes y fecundos de los grandes maestros, esto no significa cosa alguna. Es por ello que tiene tanta influencia en los espíritus: sólo en el vacío absoluto puede colocarse absolutamente todo.
Lo que usted resalta sobre los deberes morales podría hacerse extensivo a los deberes inmorales. Hemos alcanzado un punto de la civilización en que son tales las exigencias de inmoralidad que dentro de poco toda la gente será decente por falta de espíritu de sacrificio.
“En fin, nada importa excepto a la manera en que nada importa. Que ella sea bella o, cuando menos, fútil, porque la futilidad tiene de común con la belleza la indiferencia ante la utilidad y la justicia. El resto es absolutamente vida...”