sábado, 30 de mayo de 2009

Erik Lindegren

I

(en la sala de los espejos donde no solo Narciso
campea sin vértigo en el pilar de su desesperación

amamantaba la eternidad con una mueca
el país de las ilimitadas posibilidades

en la sala de los espejos donde un solo gemido infectado
escapó a la espadas cruzadas de la indiferencia

y transformó el aire en promesa y humus
que se desliza por todas las ventanas de la ciudad

en la sala de los espejos donde se estampa la perfección en chapa
y se lleva como un preso en el pecho uniforme

donde la palabra se hace haraquiri a la luz de las explosiones
y la trompeta sabe a porcelana destrozada y a sangre moribunda

en la sala de los espejos donde uno deviene demasiados
y sin embargo querría caer como rocío en la tumba del tiempo)

XV

al alba caminan los tambores por el patio de ejecución
y un cuerpo se despierta al resplandor de un espíritu apagado

una mano se desliza y no sabe donde pertenece
hasta que lentamente se encoge ante las miradas de todos

que restos de esperanza van a contemplar a la muerte
que se cierne sobre el abismo de las voces hostiles

se han volado todos los puentes solo quedan esos abismos
y esta vergüenza cubierta con el velo del escarnio

mira el sol anuncia una pietá burlona una pietá cruel
pero quién levanta lo caído de sus labios

quién se aproxima a la venenosa angustia que vive
bajo el llantén del lugar del crimen en el corazón colectivo

no, preferible es la pasión muerta el destino muerto y la traicionada
sangre que corre impetuosa suavemente a la fuente del ruiseñor

XVI

el muerto sonámbulo levanta su mano descarnada
en un aviso que planea haciendo un rizo sobre el valle

los gélidos sonidos del vacío fustigan su pureza

engarzada de rutilante dolor y la luz de la duda

desiertos encerrados buscan dragando sus dedos
pero la vasija llena de la momia canta esperanzadoramente

detrá de la ceguera de los anillos anuales se mueve su vigía
y el escondite tiembla ante la mirada de la gallina ciega

pronto desde el lugar de anclaje de unos ojos nubosos
podra contemplar el descenso de las piedra por las hachas de los rápidos

pronto la zarpa del silencio matará su sombra
y la nieve caerá insomne en la carroña de todo miedo

porque yo acompaño a un hombre que es más que ciego
cuyas justificadas sospechas nunca podrán ser probadas

XVII

lo vi temblar en la dura luz de la conciencia
mientras algas goteaban caracolas y verdor de sus miembros

lo vi contener la respiración durante cuatro días negros
en espera de que la mañana se dignase hacerle una pregunta

yo vi pasar la noche con el asombro de su mirada
ese asombro que es peor que un reconocimiento

lo vi ser atormentado por todo lo que había amado
y como se hundió su corazón para llenar el vacío

lo vi doblegarse bajo el odio impasible de la tierra
reducido al cruel secreto de un metrónomo

lo vi tratar de alcanzar con su mano la falda del pasado
y vi su sonriente vara de zahorí inclinarse hacia la nada

vi su boca dilatada como una X crucificada
una simple ecuación para tortura de tercer grado

XVIII

vi su oscura imagen en el torrente amarilleante
y lo inabarcable en un puñado de paz pretérita

vi cielos derumbados junto a sus pies humeantes
y la vela arriada del sol bajo el ala del cisne

vi el negativo: todo lo que él también sería
cuando el sueño vertiera su plata en el baño del atardecer

vi su interminable delta de mil cabezas
que ya sabía a sal: el mar todoabrazante

oí dar a un reloj doce sonoras campanadas
en memoria del polvo a la luz ensomrbecida del pilar

en memoria del niño que había encontrado su voz
y al que no asusta el miedo del futuro

aunque sea este el momento en que se da cuerda al reloj
y la niebla llega y el revólver busca una mano .

Fragmentos de "Manen utan väg (El hombre sin camino / 1942)"