1 de mayo [1958]. El día despacioso en el que yací muchas horas, vacía, como una muerta con
alas. No ha sido muy desdichado, pero he descubierto que cuando no estoy angustiada no soy.
Es como si la vida se me anunciara a golpes y no de ninguna otra manera. Si no fuera por el
dolor mi mundo interior equivaldría al de cualquier muchacha de esas que bostezan en los
colectivos, a la mañana, ataviadas para sus empleos en oficinas. Con todo derecho yo puedo
hablar del “dolor de estar viva” .