LA EXPRESIÓN DE UNO MISMO ES SIGNO DE LO SAGRADO Y DE LA FATALIDAD.
Reproducimos algunos:
Mis primeras obras son el miedo a la caída. Luego, aquello pasó a ser el arte de caer, de cómo caer sin herirse. Y más tarde se ha convertido en el arte de quedarse colgado.
En mi infancia, todas las mujeres de la casa manejaban la aguja. De siempre me han fascinado las agujas, su poder mágico. Utilizamos la aguja para arreglar algo que se ha estropeado. Es una invocación al perdón. La aguja nunca es agresiva, no es un alfiler.
Mis cuchillos parecen lenguas: Te quiero, te odio. Si tú no me quieres, estoy preparada para el ataque. Son de doble filo.
El color es más fuerte que el lenguaje. Es una comunicación subliminal.
El azul representa la paz, la meditación, la escapada.
El rojo es la afirmación, a cualquier precio —sin tener en cuenta los peligros del combate—, de la contradicción, de la agresión. Simboliza la intensidad de las emociones implicadas. El negro es el duelo, el arrepentimiento y la pesadumbre, la culpabilidad, el retraimiento.
El blanco significa regresar a la casilla de salida. Es la renovación, la posibilidad de empezar de nuevo, de volver a partir de cero.
El rosa es femenino. Representa el amor y la aceptación de sí mismo.
La espiral es un intento de controlar el caos. Tiene dos direcciones. ¿Dónde te sitúas tú: en la periferia, o en el vórtice? Empezar desde el exterior remite al miedo a una pérdida de control: enroscarse hacia el interior es estrecharse, retraerse, compactarse hasta desaparecer. Empezar por el centro es afirmar. El movimiento hacia el exterior representa la donación y la pérdida de control, la confianza, la energía positiva, la vida misma.
Las espirales —hacia qué volverse— representan la fragilidad en un espacio abierto. El miedo hace girar el mundo.
Ser un artista es una garantía de salud mental. Se es capaz de asumir el sufrimiento.
Monto cada escultura como se cura a un enfermo. Más vale saber lo que se hace. Hay que seguir una estrategia si se quiere obtener los resultados deseados. Mis esculturas son ecuaciones infalibles. Las ecuaciones deben ser sometidas a prueba. ¿Baja la tensión? ¿Desaparece el impulso? ¿Remite el dolor? O funciona, o no funciona.
La tierra se estrecha para nosotros. Nos hacina en el último pasaje y nos despojamos de nuestos miembros para pasar.
La tierra nos exprime. ¡Ah, si fuéramos su trigo para morir y renacer! ¡Ah, si fuera nuestra madre
para apiadarse de nosotros! ¡Ah, si fuéramos imágenes de rocas que nuestro sueño portara
cual espejos! Hemos visto los rostros de los que matará el último de nosotros en la última defensa del alma.
Hemos llorado el cumpleaños de sus hijos. Y hemos visto los rostros de los que arrojarán a nuestros hijos
por las ventanas de este último espacio. Espejos que pulirá nuestra estrella.
¿Adónde iremos después de las últimas fronteras? ¿Dónde volarán los pájaros después del último
cielo? ¿Dónde dormirán las plantas después del último aire? Escribiremos nuestros nombres con vapor
teñido de carmesí, cortaremos la mano al canto para que lo complete nuestra carne.
Aquí moriremos. Aquí, en el último pasaje. Aquí o ahí… nuestra sangre plantará sus olivos.