miércoles, 25 de febrero de 2009

Un poco de locura y de arte.

La locura prolonga la juventud y aleja la vejez, ¿no veis aquellas caras oscuras de aquellos hombres dedicados a la filosofía o a ocupaciones serias y difíciles? Están envejecidos aun antes de ser jóvenes, porque las preocupaciones y la continua tensión del pensamiento agotan al mismo tiempo el espíritu y la esencia de la vida ... Así bien con toda razón se suele decir con proverbio de la gente de Brabante que mientras normalmente con la edad uno se vuelve sabio, más se envejece y más se enloquece

Por tanto, hay dos géneros de locura: uno es aquél que sale de los infiernos, cuando las furias vengadoras arrojan sus serpientes, provocando en el corazón de los mortales el furor de la guerra. La insaciable sed de oro, el amor vergonzoso e impío, el parricidio, el incesto, el sacrilegio y otras miserias de este género, o también persiguen con sus linternas un animo conocedor de haber cometido los delitos. La otra locura muy diferente de ésta nace de uno mismo y es deseable sobre todas las cosas imaginables. Esta locura surge cada vez que una dulce ilusión libera el ánimo de todos las ansias y angustias y embriaga de mil sensaciones agradables

Sufridores, el loco y la locura testimonian mucho, y lo testimonian con un gran número de señales, las cuales son al mismo tiempo físicas y psíquicas, emocionales pero también mímicas o gestuales, expresando más a fondo la doble naturaleza de cada dolor

Democrito diría: “Yo me río sólo del hombre, lleno de necedad, vacío de acciones, infantil en sus aspiraciones (...)” y añade que “para buscar la causa de la locura distendo sobre el banco o secciono los animales, pero la causa debería buscarse en el hombre”

Dios ha elegido en el mundo al necio para confundir a los sabios, Dios ha elegido en el mundo al débil para confundir a los fuertes (...).
San Pablo.
En consecuencia, como así lo indican algunas representaciones medievales, la locura puede convertirse en la incapacidad para aceptar los límites, para obtener y perseguir una dirección propia y personal, o también la incapacidad para salir de un estado de avidez que es más una oralidad afectiva, una necesidad inagotable, o también, en fin, indecisión por rendirse, por huir al hecho de deber renunciar a la omnipotencia del poder ser todo y del poder hacer todo.

De hecho, ninguna sociedad, ninguna atadura en la vida podría ser agradable o duradera sin mí, ni un pueblo podría ser agradable o duradero sin mí, ni un pueblo podría soportar por mucho tiempo su príncipe, ni un amo su sirviente, ni una sirviente su ama, ni un maestro su discípulo, ni un amigo alamigo, ni una mujer al marido, ni un arrendador al arrendado, ni un compañero al compañero, ni un huésped a su huésped, si no se engañaran recíprocamente, si no se adulasen, si no cerrasen prudentemente un ojo, si no se adulasen con las mieles de la locura. Ciertamente todas estas cosas os parecerían de una enormidad que no las sentiríais nunca bellas.

Cualquiera viene informado sobre lo que ellos son
se mira por bien en el espejo de los locos
si uno bien se refleja, toma por verdad
lo que no debe tenerse por sabiduría,
presumir de sí mismo sin tener:
no existe de hecho ninguno al que no falte algo
o que pueda decir sinceramente
que es sabio y no un loco.
Sebastian Brant Das Narrenschiff (La Nave de los Locos)

Robert Burton, Anatomía de la melancolía, publicada en 1621.
La melancolía es el sentimiento acostumbrado de nuestra imperfección. Es opuesta a la alegría que nace de la satisfacción del alma y de los órganos; es la mayoría de las veces el efecto de la debilidad del alma y de los órganos. Todo ello sumado a la certeza de la existencia de la perfección, que no se encuentra ni en uno mismo, ni en los otros, ni en los placeres, ni en la naturaleza.

Nosotros somos de la misma sustancia de la que están hechos los sueños y nuestra vida está rodeada por un sueño.
Shakespeare

.....El grito

Nunca ví una época más devastada por la desesperación, por el horror de la muerte. Nunca un silencio tan sepulcral ha reinado en el mundo. Nunca el hombre ha sido tan pequeño. Nunca ha estado tan inquieto. Nunca la alegría ha estado tan ausente ni la libertad tan muerta. Y gritar la desesperación: el hombre pide gritando su alma, un solo grito de angustia sale de nuestro tiempo. Aunque el arte grita en lo ténebre, pide auxilio, invoca el espíritu: es el expresionismo.
Hermann Bahr