Ya viviste lo tuyo, la segunda parte de su autobiografía. Por azar di con un fragmento que me hizo saltar las lágrimas de risa. Burgess va al pub con su perro Haji y el animal casi le tira la cerveza a un irlandés calvo que había entrado con su novia:
-Oiga, a ver si ese jodido perro suyo deja de menear el jodido rabo.
Le dije al irlandés que no fuera estúpido, y él contestó:
-Porque es usted viejo, que, si no, se iba a enterar.
A lo cual repuse:
-Pues tengo más pelo que tú, so calvo, hijo de puta.
No estuvo nada bien por mi parte. Fuera del pub lancé un golpe muy poco hábil, bajo la atenta mirada de Haji. El irlandés me arreó en la boca y me aflojó los cuatro incisivos inferiores. Así hallaba curioso cumplimiento una situación imaginada: en mi novela Miel para los osos, el protagonista ha perdido los cuatro dientes inferiores y lleva una prótesis muy mal ajustada.
Eso era precisamente lo que iba a ocurrirme, aunque todavía no.
La práctica de la novela puede ser peligrosa: le da ideas al mundo.