Berlin Alexanderplatz.
Hay que decirlo, la literatura engendra monstruos. Y aquí está Berlin Alexanderplatz. Una obra que, a través de la historia de Franz Biberkopf, es capaz de calar hondo.
Si eres un lector sensible, te emocionarás con la historia del pobre diablo que es Franz Biberkopf. Y si no eres un lector sensible, también.
Lo repito, en toda la historia de la literatura son rarísimas y excepcionales estas obras realmente prodigiosas.
La novela comienza con Franz Biberkopf saliendo de la cárcel. Allí está, en el umbral de la penitenciaria. Duda acerca de cómo tiene que hacer. No está seguro, vacila. Vamos, hombre, le empuja y anima un guardia. Afuera, el mundo le resulta inverosímil, los techos parecen derrumbarse Se marea. Han sido muchos años en la sombra, el mundo ha cambiado demasiado, todo le parece inquietante.
Sin más, se pone a cantar a voz en cuello. Así, en el medio de un barrio cualquiera. Un judío le escucha, se acerca a él. Tal vez por simpatía, tal vez por lástima, le invita a su habitación. Allí se está cómodo. Otro judío irrumpe en la escena. Entre ambos judíos, se ponen a discutir. A uno le molesta que el otro haya llevado a Franz allí.
Inesperadamente, Franz reacciona de una manera infantil, caprichosa, desconcertante. Se tira al suelo. Se pone a gemir. Repite una y otra vez: “A mí, de acá, no me saca nadie”. El judío que le llevó hasta allí, tal vez para calmarle, le relata la historia de Zannowich. Una historia desafortunada que no parece venir a cuento de nada. A medida que avanza el relato, el otro judío comienza a intervenir y a cambiar la versión. Franz se toma en serio aquella historia, se conmueve. Hasta que, sin más, se despide de los judíos. Se larga de allí, con el humor completamente cambiado. Ahora quiere beber y estar con una mujer.
Así que visita a una puta, pero, una vez puesto a ello, se distrae mientras está con ella. Intenta hacerle el amor a la puta, pero se distrae con los ruidos que escucha al otro lado de la pared.
El relato es interrumpido con un texto seudo científico donde se explican diferentes causas y motivos de disfunción sexual.
Franz ha estado en prisión por haber matado de manera accidental a Ida, su mujer. Había estado discutiendo con ella, discutieron fuerte, le pegó y, accidentalmente, Ida se golpeó y murió. Sus familiares y amigos le guardan rencor, pero no le culpan. Saben que no es un asesino. Simplemente se le fue la mano. Un accidente. Aunque hay que ver. Tal vez Franz no se sienta culpable. Tal vez Franz crea que, si se presentara nuevamente la ocasión, volvería a reaccionar de la misma forma. ¿Es que Franz todavía le guarda rencor a Ida?
Franz decide ir a visitar a Minna, su cuñada, hermana de Ida. De un momento a otro, termina a los besos con Minna, ella teme la llegada de Karl, su esposo. Franz quiere volver a verle en otra ocasión. De momento, le deja en paz.
Si se presta atención a las conversaciones escuchadas en los bares… hay que ver lo mal que está la cosa. Todos parecen estar pasando un mal momento. Hay hambre, inseguridad… la necesidad de dinero es cada vez más ineludible. Franz conversa con su amigo Meck, tiene algo de dinero ahorrado y se ha alquilado un piso. Ahora quiere ser honrado.
Consigue un trabajo vendiendo periódicos, se ha echado una noviecita, llamada Lina, a quien invita a beber. Una vez más comprueba lo que ya sabe. Los ánimos están alterados a su alrededor. Hay mucha agitación social. Mucha agitación política flotando en el ambiente. Los periódicos que vende Franz son nacionalsocialistas y algunos amigos suyos se resienten por ello. A Franz no le interesa que lo sean. Él solo quiere ganar algo de dinero, quiere salir adelante y ser honrado…
El capítulo se cierra con una escena en un bar, del cual terminan echándole, luego de que Franz discuta con los parroquianos de turno, que han querido provocarle y lo han conseguido. Pero ¿qué saben éstos muchachos de la vida? Nada, nada. Franz canta una canción que aprendió en prisión, revolea una silla, se va de allí, ofendido y se encuentra con Lina.
Se ha prometido ser honrado, pero, desafortunadamente, la cosa no será tan sencilla como quisiera…
Una verdadera revelación. Un golpe. Tocar fondo. Hundirse por completo o salir. Salir a flote después de todo. Desde luego que es posible.
La vida de un hombre puede ser la vida de todos los hombres, pero esto sucede siempre. Un momento histórico específico, un contexto particular. Parámetro y medida del presente, otra instancia igual de confusa e intangible.
Desde luego que hay que obsesionarse. Es inevitable. Abrazar por completo esa historia que nos consume. Especular sobre el mundo perceptible e imperceptible. Especular acerca de lo que podemos conocer y de lo que no podemos conocer.
Aquí lo tenemos a Franz Biberkopf. Aquí tenemos Berlin Alexanderplatz. Que me aspen si alguna vez una historia me ha calado más hondo. ¿Y por qué la historia de Franz se vuelve tan entrañable? Pues, no lo sé.
Tal vez porque está llena de traiciones, de arrepentimientos, de transformaciones. Tal vez porque, a fin de cuentas, resulta tan genuina y, a la vez, tan abstracta. A fin de cuentas, así es la vida. Una transformación constante atravesada por momentos de desilusión y alegría que poco a poco se va volviendo cada vez más abstracta. La vida, la vida. ¿No es la vida una abstracción?
Lina considera que tal vez Otto Luders, al que conoce de toda la vida y al que quiere como a un integrante más de su familia pueda ayudar a Franz de alguna forma. Franz se entiende bien con Otto. Acaban vendiendo cordones para los zapatos de puerta a puerta. En una de esas visitas, Franz se entiende con una mujer que acaba de enviudar. La mujer le encuentra parecido a su ex marido. Le invita a un café, acaba dándole dinero. Entusiasmado, invita a comer a Luders. Le cuenta acerca de su experiencia con la viuda. Luego, Luders no tiene mejor idea que pretender correr la misma suerte, con la misma persona, de la misma manera, utilizando a Franz como puente.
Desde luego, la viuda se siente estafada y traicionada. Cuando Franz pretende volver a visitarle, le cierran la puerta en la cara.
Al principio no entiende lo que sucede. Luego advierte que ha sido engañado por Luders, ha sido traicionado por su amigo, pero no puede decir nada. De alguna manera, es como parte de la familia, así que toma la resolución de alejarse de él, incluso cuando, para hacerlo, también tenga que alejarse de Lina.
Así que un día no regresa junto a Lina y Lina comienza a buscarle por todas partes. Le pide consuelo, ayuda y socorro a Meck, que es un verdadero y gran amigo de Franz. Meck va a visitar a Luders y advierte algo raro en su actitud. Termina amenazando a Luders, empujándole a encontrar a Franz, a como de lugar.
Finalmente, Luders le encontrará, pero Franz ya no quiere saber nada de él. Antes de que puedan reclamarle que se vuelva a adaptar al estilo de vida que estaba llevando, vuelve a esconderse.
El consuelo que Meck le brinda a Lina descarrila en amor.
Confundido, apático y un poco enloquecido, Franz acaba alcoholizado y perdido en una habitación polvorienta, junto a otros inquilinos igual de desesperados.
Se pasa el día escuchando chismes sobre los vecinos, mirando por la ventana, bebiendo alcohol. Hasta que acaba en un delirio de fiebre.
Una noche como cualquier otra, unos delincuentes asaltan un galpón de la vecindad.
Franz los observa, pero no los delata.
Una tarde, caminando por las calles de Berlín, descubre a uno de los socios de Pums, dándose morros con otro tipo. Interviene la policía. Antes de que se llevan al muchacho, le pide a Franz que le haga un favor: Tiene que avisarle a Pums que no podrá cumplir con el compromiso de esa noche. Franz le promete avisarle a Pums.
Una vez que Franz le explica a Pums como son las cosas, Pums decide que Franz reemplazará al integrante ausente.
En la reunión, empiezan a verse rostros conocidos. En la asociación de Pums, se encuentra Reinhold y hasta el mismísimo Meck. Planean algo para esa noche, le ofrecen buen dinero a Franz y acepta.
Ay, pero Franz es tan ingenuo, el muchacho… si hasta último momento, todavía cree que la banda de Pums se dedica al negocio de la fruta. Pues, en buena hora entiende que no. La banda de Pums es una asociación de malhechores. Son ladrones, que se dedican al hurto y al robo de manera profesional.
Necesitaban la colaboración de Franz y la consiguieron, incluso sin su consentimiento. Entonces, Franz no tiene mejor idea que sentirse estafado y alardear de ello, con lo que consigue que Reinhold se deshaga de él, arrojándole del coche en el que huyen a toda prisa. Franz acaba perdiendo el brazo y aquí se produce el primer gran acontecimiento.
Por una parte, Franz acaba hospitalizado. Allí, consiguen dar con él sus viejos amigos: Eva (ex novia de Franz) y Herbert, novio de Eva. El reencuentro es conmovedor, incluso en aquellas circunstancias.
Sus amigos, planean venganzas de todo tipo contra la banda de Pums, a Franz, la verdad es que el asunto le tiene sin cuidado. Venganza o no venganza, no podré recuperar mi brazo, piensa.
El cambio físico que se opera en Franz acaba afectando su estado psíquico. Se opera una gran transformación en Franz. Poco a poco empieza a pensar que tiene merecido el castigo de Reinhold y está seguro que haber pretendido una vida honrada fue un disparate absoluto. Se siente indignado ante sí mismo.
Bajo ésta nueva óptica, continúa frecuentando los bares y las noches. En alguna ocasión conoce a alguna que otra chica y luego conoce a Willi. Un muchacho de lo más singular que, a su manera, cautiva a Franz. El muchacho es un intelectual un tanto anarquista y un tanto nihilista que le propone algún que otro trabajo de dudosa reputación que Franz acepta.
La verdad es que a Franz nunca le interesó la política, pero el asunto comienza a interesarle cada vez más. Willi es tan elocuente y sus palabras parecen tan ciertas, que su discurso combativo consigue remover la sangre. Ya saben a qué me refiero. Éste tipo de cosas:
“El orden social existente se basa en la esclavitud económica, política y social de los trabajadores. La base de la producción actual no es la satisfacción de necesidades naturales del hombre, sino la expectativa de una ganancia. Cada adelanto de la técnica, aumenta las riquezas de la clase poseedora, en vergonzosa contraposición a la miseria de grandes partes de la sociedad. El estado sirve para proteger los privilegios de la clase poseedora y para oprimir a las masas, y utiliza todos los recursos de la astucia y de la fuerza para mantener el monopolio y las diferencias de clase…”
Ya saben, ese tipo de cosas. Y así pueden estar horas y horas, citando a Nietzsche, Stirner, Marx.
Los negocios prosperan. Eva y Herbert deciden visitar a Franz. Lo ven tan contento, tan lozano, deciden presentarle a una chica. Ay. Y aquí las cosas se ponen todavía más interesantes. Franz se enamora perdidamente de la amiga de Eva, a quien decide llamar Mieze (pronúnciese Mítze). La verdad es que la chiquilla está muy verde para Franz, pero ambos se llevan de maravillas. Hacen una pareja ideal, ambos se quieren a muerte. Se enamoran desde un primer instante.
Mieze no le reclama mucho a Franz, excepto que deje de perder su tiempo con Willi. Franz… tiene todo lo que necesita junto a su chica. Ni siquiera les falta dinero. Si quieren saber, Mieze trabaja para Franz. A él no le gusta ser un mantenido, pero a la larga, consigue hacerse a la idea.
Todo podría haber sido próspero, pero un día Franz decide visitar a Reinhold y, en lugar de desencadenar una venganza, como sus amigos sospechan, Franz quiere reconciliarse con su amigo. Incluso cuando Franz es plenamente conciente de que Reinhold intentaba matarle, le perdona.
Entonces Reinhold conoce a Mieze y el asunto se pone turbio. No voy a contarles de qué manera, pero créanme que se pone turbio y cada vez se pondrá peor, hasta llegar a un clímax que ni les cuento.
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Al poco tiempo, los ladrones vuelven a dar otro golpe. Ya los tiene identificados, sabe quiénes son. Incluso… han hecho buenas migas con su vecino, el carpintero. Tal parece que, a fin de cuentas, los polizontes son gente despierta. Jóvenes desenfadados, lúcidos, inteligentes, que terminan siendo convincentes… encantadores. Si es que hasta Franz siente cierto magnetismo por esa banda de macarras.
Habitué del bar donde se junta toda la pandilla del barrio, Franz estrecha relaciones con Reinhold. Personaje singularísimo si los hay. El gran problema de Reinhold, son las mujeres. El pobre muchacho vive obsesionado por ellas, se vuelve loco de amor, pero ese amor le dura un mes, luego del cual, las relaciones le resultan insoportables. Para más, no sabe cómo terminar sus relaciones. No sabe cómo decirle a sus mujeres que ya no quiere saber nada de ellas.
Desconsolado, le pide ayuda a Franz y le propone un trato inusual. Reinhold desea que Franz le robe las novias que ya no le interesan. Franz acepta de buenas ganas ese trato, con lo que se revela un nuevo aspecto de su personalidad. Franz también puede ser despiadado.
Aunque, hay que decirlo, las relaciones humanas son frágiles. Podríamos reflexionar largo y tendido en los vínculos que nos unen afectivamente a las demás personas. Podríamos reflexionar en la calidad y en la cantidad de tiempo que resulta necesaria para estrechar vínculos. También podríamos pensar en las razones con las que justificamos el amor que sentimos hacia las personas con las que nos relacionamos. Si pensamos el asunto en toda su complejidad, descubriríamos con cierta inquietud que el amor es una institución imperfecta.
Pero no quiero irme por las ramas, sino acabar de contar lo que le sucede al amigo Franz. Hasta donde sabemos, Reinhold trabaja para Pums. Según ellos mismos confirman, todos trabajan en el negocio de la fruta. Aunque resulta increíble que el comercio de la fruta alimente tantas bocas. Un día Pums le pregunta a Franz si desea trabajar para él, aunque Franz, de momento, prefiere no hacerlo. Su vida, de a poco, se va ordenando. Franz se encariña con una de las ex novias de Reinhold, cuando llega el turno de conocer una nueva chica, Franz no quiere ceder. Incluso, le aconseja a Reinhold que deje de lastimar a las muchachas. Reinhold le presta atención a Franz. La verdad es que Reinhold sufre, pero no es fácil para el muchacho encarrilarse en la senda correcta, si es que existe alguna.
Más tarde veremos que los consejos de Franz crean en su amigo un efecto contrario que degenerará la relación entre ellos, hasta límites repulsivos.