domingo, 10 de mayo de 2009

Santiago Kovadloff

El arte de la fuga (Fragmentos)

“Soy, a mi modo, un evasor, un evadido. Me disocio para vivir y aun para sobrevivir. No estoy nunca del todo donde me encuentro. La literalidad es mi Gólgota. Lo concreto, cuando es excluyente, me aplasta. Sólo me siento a gusto como metáfora. Diría que no sé estar sino en dos sitios, por lo menos, a la vez. Cuando me imponen una sola dimensión, me ahogo. Lo inequívoco me paraliza, me empobrece, me mata de aburrimiento. Las personas primordialmente prácticas me resultan, Dios me perdone, intratables. No renuevo con frecuencia mi guardarropa porque, en los negocios, no soporto la ramplonería de casi todos los vendedores. Detesto su elocuencia, sus adjetivos; me molesta ese apego servil a su oficio, que no deja resquicio para presentir otra realidad: la dificultad, en suma, que demuestra para insinuar, aunque más no fuera, que su identidad no se agota en lo que hacen. Jamás me compro otra prenda que aquella que de antemano he decidido, urgido por salir de donde he entrado. La pregunta ¿No quiere ver algo más?, tan usual en el comercio, me eriza como a un gato espantado. ¿Cómo se puede estar solamente donde se está? Cuando finalizo un trámite bancario, jurídico o contable, o salgo de una oficina pública, respiro con urgencia de un pez devuelto a las aguas en el umbral de la asfixia.”