jueves, 29 de enero de 2009

DIARIO

fragmentos:
..."De què me sirve reanudar este diario, sino me atrevo a ser sincero en èl, si disimulo en el la ocupaciòn secreta de mi corazòn?...

El pensamiento de la muerte me persigue con una obstinación singular. A cada gesto que hago, calculo: ¿cuántas veces ya? Me pregunto: ¿cuántas veces todavía? y siento, lleno de desesperación, precipitarse la revolución del año. Es también que al comprobar cómo a mi alrededor el agua se retira, mi sed aumenta, y me siento tanto más joven cuanto menos tiempo me queda para sentirlo.
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Mi alegría tiene algo salvaje, fiero, en ruptura con toda decencia, toda conveniencia, toda ley. Por ella regreso al balbuceo de la infancia, pues no presenta a mi espíritu sino novedad. Necesito inventarlo todo, palabras y gestos; nada del pasado satisface ya mi amor. Todo en mí se abre, se asombra; me late el corazón; una sobreabundancia de vida me sube a la garganta como un sollozo. Ya no sé nada; es una vehemencia sin recuerdos y sin arrugas. "
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Nunca había aspirado menos al reposo. Nunca me había sentido tan exaltado por ese exceso de las pasiones que según Bossuet es patrimonio de la juventud, en ese admirable Panegírico de san Bernardo que releía esta mañana. La edad no consigue vaciar ni la voluptuosidad de su atractivo, ni el mundo entero, de su encanto. Por el contrario, a los veinte años las cosas me asqueaban más fácilmente, y estaba menos contento de la vida. Mis abrazos eran más tímidos; respiraba menos fuerte, y me sentía menos amado. Quizá era también que deseaba la melancolía; aún no había entendido la superior belleza de la felicidad.
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..."Sòlo se llega a comprender a un hombre despuès de su muerte. Mientras vive, todas las cosas que podrà todavìa realizar y que se ignoran constituyen incògnitas que falsean los càlculos. La muerte finalmente fija los contornos"....

Sòlo los grandes hombres no precipitan nada ni se impacientan de nada...Hace falta cierto plazo para que los grandes designios alcancen su madurez. Los que saben esperar reciben de ordinario con creces el precio de su paciencia: porque, en muchas cosas, la demora vale màs que la fuerza...La precipitacion echa a perder las empresas mejor concebidas. En cambio, la paciencia madura los designios màs dificiles y facilita su ejecuciòn"...

El 22 de junio de 1942, escribia Gide...."Ya no me esfuerzo mucho en el trabajo, pues comprendo que no escribo nada que valga la pena....¿Tengo todavia algo que decir?...¿Algo que realizar? ¿Para què sirvo ya?...¿Para que se me reserva todavìa?.....