jueves, 12 de marzo de 2009
Francis Scott Fitzgerald
Toda mi generación está inquieta –dice Amory Blaine hacia el final del libro—. Estoy harto de un sistema en el que el hombre más rico puede conseguir, si la desea, la mujer más linda, donde el artista no tiene un cobre y debe vender su talento a un fabricante de botones. Aún cuando yo no tuviera talento, no me gustaría trabajar diez años seguidos, condenado al celibato y a ciertos placeres furtivos, para que el hijo de un cualquiera tenga un automóvil… Yo sólo digo que soy el resultado de una mente versátil en una generación inquieta. Incluso, si en lo más profundo de mi corazón yo pensara que no éramos más que átomos ciegos en un mundo tan limitado como el movimiento de un péndulo, yo y los de mi clase seguiríamos luchando contra las tradiciones, para, por lo menos, transformar la vieja hipocresía en una nueva…" ¡Un hermano! Un pariente de mi selecta familia adoptiva. Nuevamente recuerdo lo que decía el papelito que pegué en el collage: "La historia se repite".